Quizo la vida a una rosa,
darle luz de atardecer
y el brillo de una sonrisa
le entregó un amanecer.
Quizo de suave dulzura
cubrirle toda la piel,
puso en sus manos ternura
y en sus labios puso miel.
Para cuidarla del viento
dio tanta fuerza a su ser,
que en las más dura tormenta,
siempre volvió a renacer.
Un don había que ofrendarle,
y le dio tanto querer,
que vio en su vientre la vida,
otra vida florecer.
Un nombre quiso buscarle,
al ver la rosa crecer,
y puso amor entre sus letras para llamarla MUJER
Felicidades en este 8 de marzo
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